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Uno de los mayores retos en el proceso de apertura de la consciencia es darnos cuenta y aceptar nuevas ideas que rompen con mucho de lo que aprendimos en el transcurso de nuestra vida. Todos estos conocimientos viejos que en algún momento aceptamos como verdades comienzan a caer como fichas de domino una vez que aceptamos o comenzamos a aceptar estos nuevos conocimientos.


Cuando leía algunos libros y textos, al principio me costaba comprender y diferenciar el concepto de alma y mente, ¿No son lo mismo?...¿Cómo? ¿Son dos entidades distintas? No entendía en donde estaba la diferencia entre uno y otro...Finalmente pude comprender y digerir la “diferencia”...nuestra alma es nuestra conciencia, es el conductor del vehículo que manejamos, la mente es el cerebro/computadora electrónica del vehículo que conducimos y que es nuestro cuerpo. Nuestra alma/espíritu es la consciencia que experimenta lo que nuestro libre albedrío decide hacer y la que guarda los recuerdos y aprendizajes de tus vidas.


Estos conceptos por más simples que parezcan, a muchos al comienzo les cuesta trabajo diferenciarlos. Una de las formas que te permiten comprender esta diferencia, es a través de la meditación y es cuando llegas a “separar tu consciencia” de tu cuerpo. Es ahí donde puedes darte cuenta que eres más que un simple cuerpo físico o una mente que puede resolver problemas y ser productivo en el trabajo.


Tu alma y tu consciencia son tu verdadera esencia y lo que tu has sido, eres y serás a través de las diferentes vidas pasadas, presente y futuras. A través del desarrollo de conciencia y crecimiento espiritual se pueden experimentar vivencias divinas como el amor incondicional, el perdón, la sanación, la creatividad y todo tipo de unión y fusión de nuestro espíritu con el creador.


La materia como la conocemos se compone de moléculas, átomos, neutrones, protones y electrones y conforme nos vamos adentrando en su composición o la vemos con un microscopio muy poderoso el “resultado” final es que la materia es 99.999999999% de espacio vacío/energía y el restante 0.000000001% es materia. Entonces es el momento cuando entendemos que vivimos en un mundo de energía y la energía aunque responde a leyes naturales y físicas, también es moldeable y manipulable por la consciencia.


Una vez que comprendemos de forma breve, el concepto de lo que somos, podemos entender que todo esto tiene relevancia en un mundo físico que “no es físico”. Por eso nuestros pensamientos y sentimientos tienen un peso específico sobre la materia y sobre nuestro entorno. Recuerda que en nuestro mundo físico existen muchas cosas que no vemos pero que consideramos normales como las señales de televisión, de radio y de internet.


Así como la materia termina siendo en su esencia energía pura, así como existen éstas señales que tampoco vemos, tus pensamientos y sentimientos también lo son y viajan de la misma forma que las señales. Y todo esto es para entender lo importante que todo lo que sientes y piensas es lo que manifiestas en tu vida. No es casualidad que todo esto tenga una influencia importante en toda tu vida. El desarrollo de consciencia y espiritualidad no es simplemente algo bonito, idealista o romántico, es también el entender cómo operan procesos importantes en tu vida más allá de lo que tus ojos pueden ver.


Bajo estas premisas, la oración, la sanación y muchas de las actividades que pueden ser consideradas prácticas dentro del campo de la espiritualidad, son en realidad un trabajo energético que tiene un impacto profundo en tu entorno físico. Una vez que comiences a asimilar esto, entenderemos porque es importante crecer personal y espiritualmente.


Por eso la espiritualidad y la consciencia podrían tomarse en cuenta en todos nuestros aspectos de la vida, trabajo y familia. Este conocimiento va mas allá del mundo físico y es la base para que puedas vivir una vida plena. ¿Por qué? Porque ahora comprendiendo esto, podrás complementar tu labores del mundo físico con las del mundo espiritual/energético. Hacia donde dirijas tu atención e intención, diriges tu “energía personal” porque también tu cuerpo está formado por diferentes elementos químicos, físicos y biológicos que al final son energía también. La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma y si comprendemos esto bien, podremos complementar nuestra vida diaria, trabajando tanto en la parte física como en la espiritual.


Por eso tus acciones, pensamientos y sentimientos y todo lo que tu ser genere, son las semillas de lo que irás generando en tu vida. Esa energía que vas dejando con tus actos, regresa a ti de una u otra forma. Por eso las personas y los lugares tienen una energía cargada positiva o negativamente de acuerdo a sus actos y esta energía forma parte de la esencia que son y lo que reciben y lo que transmiten. Así que mientras seas una persona positiva y fuerte, atraerás a tu vida las circunstancias, eventos y personas que vibran de la misma forma que tú.


Foto: Flickr Cezary Borysiuk - Atoms


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